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¿Por qué perdí el olfato? Causas, cuándo preocuparse y cómo puede ayudar un otorrinolaringólogo – Doctor Nariz

Extiende la mano para tomar su café matutino y se da cuenta de que no puede percibir su aroma. La cena le sabe insípida. La vela que encendió podría estar, perfectamente, libre de fragancia. Perder el sentido del olfato es más que una simple molestia: altera su forma de comer, su capacidad para detectar peligros y el modo en que experimenta el mundo que le rodea.

No está solo en esto. Se estima que el 12 % de los adultos en los Estados Unidos experimenta algún tipo de disfunción olfativa; una cifra que ha aumentado desde que la pandemia de COVID-19 puso la pérdida del olfato en el centro de la atención pública. Sin embargo, la pérdida del olfato ya era un problema habitual mucho antes de la COVID, y sigue siendo una de las afecciones menos diagnosticadas en el ámbito de la medicina.

La buena noticia es que la mayoría de las causas de la pérdida del olfato tienen tratamiento, especialmente cuando el problema se origina en alguna afección nasal o de los senos paranasales. La sinusitis crónica, los pólipos nasales, las alergias y las obstrucciones estructurales representan una gran parte de los casos; y estas son, precisamente, las afecciones que un especialista en otorrinolaringología evalúa a diario.

Este artículo explica por qué se produce la pérdida del olfato, qué situaciones requieren atención médica y cómo un otorrinolaringólogo puede identificar la causa y ayudarle a recuperar su sentido del olfato.

Con cada respiración que tomas, aspiras moléculas de olor hacia el interior de la nariz, dirigiéndolas hacia una pequeña zona de células nerviosas especializadas denominada epitelio olfatorio. Este tejido se encuentra situado en la parte superior de la cavidad nasal, cerca del puente de la nariz, resguardado por encima de la vía principal del flujo de aire. Cuando las moléculas de olor alcanzan estas neuronas, desencadenan señales eléctricas que viajan directamente al cerebro, donde se identifica el aroma.

Esta anatomía resulta relevante, ya que hace que el sentido del olfato sea sorprendentemente frágil. Cualquier factor que obstruya el flujo de aire hacia el epitelio olfatorio —como la inflamación, el exceso de mucosidad, los pólipos o un tabique desviado— puede anular la capacidad de detectar olores. Asimismo, cualquier elemento que dañe directamente las propias neuronas olfatorias —tal como un virus o un traumatismo craneal— puede provocar el mismo efecto, incluso cuando la nariz se percibe despejada.

Los médicos describen la pérdida del olfato de dos maneras. La hiposmia se refiere a una reducción del sentido del olfato: la persona aún es capaz de detectar olores intensos, pero los aromas más sutiles dejan de percibirse. La anosmia, por su parte, constituye una pérdida total del olfato. Dado que los sentidos del olfato y del gusto están estrechamente vinculados, muchas personas que creen haber perdido el sentido del gusto están experimentando, en realidad, una pérdida del olfato. La lengua conserva la capacidad de detectar los sabores salado, dulce, ácido y amargo; sin embargo, la riqueza y la complejidad del sabor provienen, en última instancia, de la nariz.

La pérdida del olfato generalmente se divide en dos categorías: algo está bloqueando el paso hacia los receptores olfativos, o algo ha dañado los propios receptores. En muchos casos, ambas situaciones ocurren simultáneamente.

Infecciones de los senos nasales (sinusitis)

Una infección aguda de los senos nasales es una de las razones más frecuentes por las que las personas pierden temporalmente el sentido del olfato. La congestión y la inflamación provocan una hinchazón en los conductos nasales, lo que impide que las moléculas de olor lleguen al nervio olfatorio. Por lo general, el olfato se recupera a medida que la infección remite.

La sinusitis crónica es un caso distinto. Cuando la inflamación de los senos nasales persiste durante 12 semanas o más, la hinchazón continua puede causar una pérdida del olfato prolongada o progresiva, incluso en los periodos entre infecciones activas. En ese punto, los antibióticos por sí solos no suelen ser suficientes; el tratamiento debe abordar la inflamación subyacente que impulsa este ciclo.

Pólipos nasales

Los pólipos nasales son una de las principales causas de la pérdida persistente del olfato. Estos crecimientos blandos y no cancerosos se desarrollan en el revestimiento de los conductos nasales o de los senos paranasales, y causan un daño doble: bloquean físicamente el área olfatoria y, al mismo tiempo, alimentan una inflamación crónica que, con el paso del tiempo, puede dañar los receptores olfativos.

Lo complicado es que la pérdida del olfato asociada a los pólipos suele desarrollarse de forma gradual. Es posible que no la notes hasta que otra persona perciba un olor que tú no puedes detectar: ​​gas en la cocina, humo o alimentos en mal estado. En muchos casos, la extirpación quirúrgica de los pólipos, combinada con el control de las alergias, resulta necesaria para recuperar plenamente el sentido del olfato.

Alergias y rinitis crónica

No es necesario padecer una infección sinusal grave para perder el sentido del olfato. La degradación alérgica crónica provoca el defecto del revestimiento nasal y genera un exceso de mucosidad que, por sí solo, puede obstruir el flujo de aire hacia los receptores olfativos. Si sus alergias han permanecido sin tratamiento durante meses o años, esa inflamación de bajo grado podría estar deteriorando silenciosamente su capacidad olfativa. Un manejo adecuado de las alergias —que en algunos casos incluye la inmunoterapia— puede marcar una verdadera diferencia.

Pérdida del olfato posviral

Las infecciones de las vías respiratorias superiores —incluyendo la COVID-19, la gripe y el resfriado común— pueden dañar directamente el nervio olfatorio. Este tipo de pérdida del olfato se manifiesta de manera diferente a aquella causada por la congestión. La nariz se siente despejada, no hay obstrucción alguna, pero los olores han desaparecido o se perciben distorsionados. La pérdida del olfato posterior a la COVID-19 puso este fenómeno en el conocimiento público, pero los virus llevan décadas causando daños en el nervio olfatorio. La recuperación varía considerablemente: algunas personas recuperan el sentido del olfato en cuestión de semanas, mientras que otras deben esperar meses.

Otras causas

Vale la pena mencionar algunos factores menos comunes. Un tabique desviado o el colapso de la válvula nasal pueden restringir el flujo de aire lo suficiente como para reducir el sentido del olfato. Ciertos medicamentos —incluyendo algunos antibióticos y fármacos para la presión arterial— enumeran los cambios en el olfato como un efecto secundario. Asimismo, el sentido del olfato disminuye de forma natural con la edad, particularmente después de los 60 años. Y, en casos excepcionales, la pérdida del olfato sin una causa nasal evidente podría indicar una afección neurológica que justifique una evaluación más exhaustiva.

Esta es una de las quejas más comunes y desconcertantes que escuchan los especialistas en otorrinolaringología. Siente la nariz despejada, respira con normalidad, pero los olores han desaparecido. Resulta inquietante —y, de hecho, constituye una pista importante sobre lo que está ocurriendo.

La explicación más probable es un daño nervioso de origen posvírico. Un resfriado, una gripe o una infección por COVID-19 apareció y remitió; la congestión desapareció, pero el virus dañó las neuronas olfativas a su paso. Sus conductos nasales están despejados porque el problema no radica en una obstrucción, sino en los propios receptores del olfato. Este patrón es especialmente frecuente tras la COVID-19 y puede persistir durante semanas o meses después de la enfermedad inicial..

Pero esa no es la única posibilidad. Algunos pacientes presentan una inflamación oculta en lo profundo de la cavidad nasal, cerca de la hendidura olfatoria, que no produce la sensación de congestión que cabría esperar. Usted se siente normal, pero la inflamación se localiza precisamente donde causa el mayor daño. Los pólipos nasales pequeños situados en la parte superior de la cavidad nasal pueden provocar el mismo efecto: bloquear el olfato sin causar ninguna congestión nasal perceptible. Ninguno de estos problemas es visible desde el exterior ni detectable sin un examen adecuado.

En casos excepcionales, la pérdida del olfato sin congestión puede ser indicio de un problema neurológico que requiere un estudio más exhaustivo.

En conclusión: si ha perdido el sentido del olfato y siente que tiene la nariz despejada, no lo pase por alto. Esa combinación constituye un motivo de peso para someterse a una endoscopia nasal y a una evaluación otorrinolaringológica minuciosa, a fin de descubrir qué está ocurriendo bajo la superficie.

Experimentar una disminución del sentido del olfato durante unos días a causa de un resfriado fuerte es algo normal y, por lo general, se resuelve por sí solo. Sin embargo, existen situaciones específicas en las que simplemente esperar a que pase deja de ser una estrategia razonable.

Debe consultar a un especialista en otorrinolaringología si su sentido del olfato no se ha recuperado en un plazo de dos a cuatro semanas tras haber padecido un resfriado o una infección de los senos nasales. Lo mismo se aplica si ha notado un deterioro gradual a lo largo de varios meses: ese tipo de pérdida en la que, poco a poco y sin un desencadenante aparente, deja de percibir los olores cotidianos. La pérdida del olfato que se presenta acompañada de infecciones sinusales recurrentes, sensación de presión facial o congestión nasal persistente constituye otra señal de que existe un problema de fondo que requiere evaluación médica.

La anosmia completa —la incapacidad total de percibir cualquier olor— siempre justifica una evaluación profesional, independientemente del tiempo que lleve presente. Lo mismo ocurre con la pérdida del olfato que no ha respondido a tratamientos de venta libre, tales como aerosoles nasales, antihistamínicos o lavados con solución salina. Y si las personas de su entorno perciben olores que usted no logra detectar —en particular aquellos relacionados con la seguridad, como el gas, el humo o los alimentos en mal estado—, esa constituye una razón práctica para no demorar la consulta.

Por qué es importante la evaluación temprana

El factor tiempo es más importante en la pérdida del olfato de lo que la mayoría de la gente imagina. Cuanto más tiempo persiste la disfunción olfativa sin tratamiento, más difícil resulta lograr una recuperación total. Afecciones como los pólipos nasales y la sinusitis crónica responden bien al tratamiento cuando se detectan a tiempo; sin embargo, una inflamación prolongada puede causar daños permanentes en los receptores olfativos, los cuales resultan difíciles de revertir.

Existe, además, una dimensión de seguridad que resulta fácil pasar por alto. El sentido del olfato actúa como un sistema de alerta temprana. No ser capaz de detectar una fuga de gas, un incendio en la cocina o alimentos en mal estado expone a usted y a los miembros de su hogar a un riesgo real; y solo por este motivo, vale la pena buscar respuestas cuanto antes.

Su médico de atención primaria puede descartar problemas evidentes; sin embargo, un especialista en otorrinolaringología cuenta con las herramientas y la formación específicas para identificar exactamente por qué ha perdido el sentido del olfato y determinar si el daño es reversible.

La evaluación suele comenzar con un historial médico detallado. ¿Cuándo comenzó la pérdida del olfato? ¿Fue repentina o gradual? ¿Se produjo tras una enfermedad, una lesión o un cambio en la medicación? ¿Existen antecedentes de problemas sinusales, alergias o cirugías nasales? Estas preguntas permiten acotar rápidamente el campo de posibilidades, ya que el patrón de aparición de los síntomas revela al especialista una gran cantidad de información sobre la causa probable, incluso antes de realizar cualquier prueba.

A partir de ahí, el examen se vuelve más específico. Una endoscopia nasal emplea una cámara delgada y flexible para examinar el interior de la nariz y los senos nasales en tiempo real. Es en este punto donde se hacen visibles los pólipos, la inflamación oculta cerca de la hendidura olfatoria, los problemas estructurales y la hinchazón que resulta invisible desde el exterior. El procedimiento dura solo unos minutos y puede realizarse directamente en la consulta del médico.

Si la endoscopia sugiere una afectación más profunda, una tomografía computarizada (TC) de los senos nasales proporciona imágenes transversales que mapean la anatomía completa, mostrando exactamente dónde se localizan la inflamación, los pólipos o las obstrucciones estructurales, y cuál es su extensión. Las pruebas estandarizadas del olfato —típicamente en formato de «rascar y oler»— permiten medir objetivamente cuánta función olfativa se conserva, lo cual ayuda a monitorear la evolución del cuadro a lo largo del tiempo. Asimismo, cuando se sospecha que las alergias son un factor contribuyente, las pruebas de alergia pueden identificar los desencadenantes específicos que alimentan la inflamación nasal crónica.

La mayor parte de este proceso de evaluación puede completarse en una sola consulta, de modo que usted se marche con respuestas en lugar de tener que seguir esperando.

No existe una solución única para la pérdida del olfato, ya que no existe una causa única. El tratamiento depende enteramente de lo que revele la evaluación, razón por la cual el diagnóstico siempre es lo primero. Sin embargo, una vez identificado el problema subyacente, la mayoría de los pacientes disponen de opciones eficaces.

Para la pérdida del olfato relacionada con los senos nasales

Cuando la sinusitis, los pólipos o las obstrucciones estructurales son la causa del problema, el objetivo es reducir la inflamación y restablecer el flujo de aire hacia el área olfatoria. Los aerosoles nasales con corticosteroides suelen ser el primer paso: actúan directamente sobre la inflamación en su origen y pueden despejar la vía hacia los receptores olfatorios. En los casos más graves, pueden añadirse ciclos cortos de corticosteroides orales, especialmente cuando es necesario reducir el tamaño de los pólipos con rapidez.

La irrigación nasal con solución salina constituye un complemento sencillo pero eficaz. Los lavados regulares eliminan los residuos inflamatorios y facilitan que los medicamentos tópicos lleguen a mayor profundidad dentro de las fosas nasales. Para los pacientes que padecen sinusitis crónica y no han respondido al tratamiento farmacológico, la cirugía endoscópica de los senos nasales permite extirpar los pólipos, despejar los senos obstruidos y restablecer un drenaje adecuado. A menudo, esta es la vía más eficaz para recuperar el sentido del olfato cuando intervienen pólipos o una inflamación persistente. Asimismo, puede recomendarse la reducción de los cornetes o una septoplastia si existen problemas estructurales que contribuyen a la obstrucción.

En los pacientes para quienes la cirugía sinusal resulta apropiada, los resultados en cuanto a la recuperación del olfato suelen ser muy favorables, especialmente cuando la intervención quirúrgica se combina con un tratamiento médico continuo para controlar la inflamación y prevenir las recidivas.

Para la pérdida del olfato relacionada con alergias

Si la inflamación es provocada por alergias, el tratamiento se centra en identificar sus desencadenantes específicos mediante pruebas de alergia y, posteriormente, en reducir la respuesta de su sistema inmunológico. Las gotas antialérgicas (inmunoterapia sublingual) o las inyecciones antialérgicas pueden abordar la causa de fondo a largo plazo, mientras que los corticosteroides nasales y las medidas de control ambiental permiten controlar los síntomas cotidianos. El control de la inflamación alérgica a menudo mejora el sentido del olfato, incluso sin necesidad de intervención quirúrgica.

Para la pérdida del olfato postviral

Cuando un virus ha dañado directamente el nervio olfatorio, el enfoque del tratamiento cambia. El entrenamiento olfatorio es la opción más estudiada y respaldada; consiste en oler cuatro aromas específicos —rosa, limón, eucalipto y clavo— dos veces al día durante un periodo de tres a seis meses. Esta exposición repetitiva parece estimular la regeneración nerviosa y ayudar al cerebro a reaprender la identificación de los olores. Las investigaciones clínicas han demostrado una mejora significativa en una parte considerable de los pacientes que se comprometen a seguir este protocolo.

Los enjuagues con esteroides tópicos pueden ayudar a reducir cualquier inflamación residual alrededor del área olfatoria. Además, el tiempo en sí mismo es un factor: muchos pacientes posvirales experimentan una recuperación gradual a lo largo de varios meses —incluso sin intervención activa—, a medida que las neuronas olfatorias se regeneran lentamente.

Lo que no funciona

El uso prolongado de aerosoles descongestivos de venta libre, como Afrin, puede de hecho agravar el problema al provocar una inflamación de rebote que obstruye aún más las fosas nasales. Y, a pesar de lo que pueda encontrar promocionado en línea, no se ha demostrado que ningún suplemento sea eficaz para recuperar el sentido del olfato. Si un producto promete curar la anosmia, manténgase escéptico.

La pérdida del olfato es más común de lo que la mayoría de la gente cree y, en la mayoría de los casos, es tratable, especialmente cuando la causa está relacionada con los senos nasales o las vías nasales. Ya se trate de sinusitis crónica, pólipos nasales, alergias, daños postvirales o un problema estructural, el camino a seguir comienza por determinar exactamente qué es lo que está sucediendo.

Eso es precisamente lo que ofrece una evaluación otorrinolaringológica adecuada. Una endoscopia nasal, pruebas de imagen y exámenes olfativos pueden identificar la causa en una sola visita; a partir de ahí, el tratamiento puede ser específico y preciso, en lugar de basarse en conjeturas. Cuanto antes se someta a una evaluación, mayores serán sus probabilidades de lograr una recuperación total; la disfunción olfativa que se aborda de manera temprana responde mucho mejor que la pérdida del olfato que se deja persistir durante meses o años.

Vivir sin el sentido del olfato afecta a mucho más que el simple disfrute de la comida. Altera la forma en que detecta el peligro, la manera en que experimenta su entorno y el modo en que conecta con esos momentos cotidianos que la mayoría de las personas dan por sentados. Obtener respuestas a estas cuestiones bien merece la pena.

Si ha perdido el sentido del olfato o ha notado que se está debilitando, programe una consulta con Doctor Nariz. Nuestros especialistas en otorrinolaringología pueden identificar la causa y elaborar un plan de tratamiento para ayudarle a recuperar el olfato.

¿Puede una infección sinusal causar una pérdida permanente del olfato?

La mayoría de las veces, no. La pérdida del olfato provocada por una infección sinusal aguda es temporal y se resuelve a medida que cede la inflamación. Sin embargo, la sinusitis crónica —particularmente cuando hay presencia de pólipos nasales— puede causar daños prolongados o permanentes en los receptores olfativos si no se trata durante meses o años. Una evaluación temprana por parte de un especialista en otorrinolaringología (ORL) ofrece las mejores probabilidades de lograr una recuperación total.

¿Cuánto tiempo dura la pérdida del olfato después de un resfriado?

La mayoría de las personas recuperan el sentido del olfato en un plazo de una a dos semanas después de un resfriado. Si el olfato no ha regresado después de cuatro semanas, es una señal de que es posible que no se resuelva por sí solo. Una pérdida persistente puede indicar un daño nervioso posviral o una afección subyacente —como sinusitis crónica o pólipos nasales— que requiere atención médica.

¿Es eficaz el entrenamiento olfativo para recuperar el sentido del olfato?

Las investigaciones respaldan el entrenamiento olfativo como uno de los tratamientos no quirúrgicos más eficaces para la pérdida del olfato de origen posviral. El protocolo consiste en oler cuatro aromas específicos —rosa, limón, eucalipto y clavo— dos veces al día, durante un periodo de tres a seis meses. Los resultados varían según el paciente; no obstante, los estudios han demostrado una mejoría significativa en un número considerable de participantes, especialmente en aquellos que inician el programa poco después de que comienza la pérdida del olfato.

¿Pueden los pólipos nasales causar la pérdida del sentido del olfato?

Sí, y constituyen una de las causas más frecuentes de pérdida persistente del olfato. Los pólipos impiden que las moléculas de olor lleguen al nervio olfativo y provocan una inflamación crónica que, con el tiempo, puede dañar los receptores olfativos. La extirpación quirúrgica de los pólipos a menudo restablece o mejora significativamente el sentido del olfato, especialmente cuando se combina con un tratamiento continuo para el control de las alergias y la inflamación, con el fin de reducir la probabilidad de recurrencia.

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